Los afectos religiosos (1746) – Jonathan Edwards
He decidido iniciar una serie sobre los que considero los tres libros más importantes —desde el punto de vista teológico— que abordan el tema de las emociones. Claro, este listado es reducido y seguramente podrá variar con el tiempo, pero por ahora me limitaré a tres obras clave. El primero de ellos es Los afectos religiosos, de Jonathan Edwards. Confieso que nunca había tenido un acercamiento teológico tan directo a este tema; siempre parece que las emociones se abordan únicamente desde la psicología, como si la teología no tuviera nada que decir al respecto. Pero lo cierto es que sí hay material valioso, sólido, incluso sorprendente. Así que empezaré esta pequeña serie de reseñas aquí en mi página web, que también quiero llevar a mi canal de YouTube y a unos reels en mi cuenta de Instagram.
Las emociones… creo que no hay un tema tan, pero tan vigente y necesario de tratar hoy día como este. Hablo en todo el sentido: teológico, filosófico y psicológico. Antes de que la psicología apareciera como ciencia del saber, solo algunos filósofos se atrevían a hablar de ellas con cautela, y más adelante Agustín y Tomás de Aquino intentaron clasificarlas como pasiones humanas. Con la llegada de la psicología abundaron las obras, teorías y enfoques. Pero desde lo teológico aún quedan vacíos. No hay una teología sistemática que desarrolle a fondo este tópico, y lo que tenemos son tratados, ensayos o panfletos que aparecen como reacción a situaciones específicas. Tal es el caso de Los afectos religiosos de Jonathan Edwards, un libro que nació como respuesta tanto al escepticismo de unos como a la exageración de otros frente a las manifestaciones emocionales provocadas por el Gran Despertar espiritual del siglo XVIII en Norteamérica.
Este libro es importante porque la tradición reformada, tanto en el pasado como en el presente, suele inclinarse hacia el racionalismo, operando bajo categorías más analíticas y lógicas, lo cual enriquece el pensamiento pero deja poco espacio para reflexionar sobre la vida afectiva. Edwards, puritano y reformado, representa una voz distinta, una que reconoce el valor de los afectos en la vida cristiana y se atreve a mirarlos con seriedad bíblica y teológica. Su aporte fue reconocer que las emociones son parte esencial de la religión verdadera.
Aquí se encuentra el corazón de la tesis de Edwards: la verdadera religión no consiste únicamente en un ejercicio intelectual o racional, sino que involucra profundamente los afectos y las emociones del creyente. Para Edwards, conocer a Dios no es solo acumular información doctrinal, sino experimentar el poder transformador del Espíritu que toca la mente y el corazón. En esto resulta interesante compararlo con John Wesley, casi contemporáneo suyo, quien en sus sermones y reflexiones sostuvo que el conocimiento de Dios se da por múltiples vías: la razón, la experiencia (donde incluye la dimensión afectiva y emocional), la tradición y la Escritura. Más tarde, la teología metodista resumiría esto como el “cuadrilátero wesleyano”. Wesley afirmaba que la experiencia del creyente —lo que siente y vive en su interior— forma parte esencial de la fe cristiana, y Edwards, desde su propio marco reformado, llegaba a una conclusión similar: no hay fe auténtica sin afectos encendidos hacia Dios. Ambos, aunque desde tradiciones distintas, rompieron con la idea de una fe puramente racional o fría y abrieron la puerta a reconocer que el cristianismo es una religión que involucra la totalidad del ser humano.
Según varios estudios, Los afectos religiosos fue la primera gran obra del protestantismo en desarrollar un pensamiento bíblico y teológico sobre las emociones. Edwards no se limita a reaccionar contra excesos, sino que plantea que la religión verdadera siempre involucra el corazón. Lo distintivo no son las lágrimas ni los temblores, tampoco la euforia o el fervor del momento, sino el fruto que perdura: amor, humildad, obediencia y perseverancia.
El ejemplar que tengo en mis manos no es la traducción completa de la obra original, sino un esbozo, un resumen. Sin embargo, incluso en esta versión abreviada queda claro su énfasis: no podemos confundir intensidad emocional con autenticidad espiritual. La obra cobra actualidad porque seguimos enfrentando la misma tensión: o reducimos la fe a racionalismo frío, o la confundimos con experiencias emocionales intensas pero efímeras. Edwards ofrece una tercera vía, una visión equilibrada que nos recuerda que la fe cristiana es tanto verdad como afecto, mente y corazón, doctrina y amor, palabra y vida.
Frases de impacto
- “Dios, quien nos creó, no solo nos ha dado emociones, sino que también ha hecho que sean muy directamente la causa de nuestras acciones.”¹
- “Nunca un pecador deseó la salvación, ni un cristiano despertó de frialdad espiritual, sin que la verdad hubiera afectado su corazón. ¡Así de importantes son las emociones!”²
- “Erramos gravemente si condenamos a la gente de exaltada simplemente porque sus emociones son fuertes e intensas.”³
- “El solo hecho de que una persona cuente sus experiencias y sentimientos de una manera conmovedora, no comprueba que sea un verdadero cristiano.”⁴
- “Tenemos que juzgar por el fruto, no por los bellos colores ni las fragancias de las flores… quienes dicen haber sido convertidos pueden dar relatos conmovedores de su experiencia, sin embargo, todo puede llegar a nada.”⁵