Este año (2026) empezamos a estudiar Apocalipsis en IFA, la iglesia que tenemos el placer de pastorear con mi esposa y otros hermanos. Quiero ir compartiendo por aquí algunas cositas que me van quedando: unas las he conversado con los líderes, otras las he meditado y otras han terminado en una predicación. Serán textos cortos, sin pretender resolver en tres párrafos lo que llevamos siglos conversando.
¿Y por qué para gente normal? Porque no hace falta ser experto para abrir Apocalipsis y aprender de él. Claro que ayuda conocer la literatura apocalíptica, estudiar el griego y hacer buenas preguntas. Muchísimo. Pero, como me dijo un amigo, los verdaderos expertos suelen hacer que las cosas difíciles se entiendan; a veces somos los que no somos expertos quienes las complicamos. Vaya ironía.
Confieso que uno abre el libro y piensa: «Bueno… ¿y ahora qué hago con todas estas bestias?». Pero Apocalipsis no comienza diciendo «asústense». Comienza con una bendición: «Bienaventurado el que lee» (Apocalipsis 1:3).
Y ahí hay una invitación sencilla: leerlo. No siempre es fácil sacar el tiempo; a veces se nos va el día y ni cuenta nos damos. Pero podemos empezar por un capítulo, o por unos pocos versículos, y volver mañana. No hace falta entenderlo todo de una vez para comenzar a escuchar lo que Jesús le dice a su iglesia.
Bueno, ¿lo abrimos?